La Mafia se sienta a la mesa

Familia, comida o sobremesa, son términos muy ligados a la cultura mediterránea en general, y a las bandas criminales organizadas italianas en particular. Hay muchos rituales y símbolos que relacionan la Mafia con las comidas de negocios. Por ejemplo, el capo solía dar pan con ajo a sus subordinados, las horas previas a un encargo importante, al que añadían un poco de sal y acompañaban con medio vaso de vino: El pan representaba la unión, la sal el valor, el vino la sangre y el ajo el silencio.

Transcribo ahora un relato del libro de Jacques Kermoal y Martine Bartolomei, La Mafia se sienta a la mesa, TusQuets Editores -1998-.

Pero antes, les propongo un juego: imagínense durante la lectura que están en la piel de Don Vito, escojan a la víctima de su vendetta particular, y disfruten del menú. Yo ya lo he hecho…

Don Vito vuelve enseguida…

vito cascio

Corría el 12 de marzo de 1909. En Palermo abundaban las fiestas desmadradas, los nuevos ricos y las nuevas calesas.

Don Vito Cascio Ferro era un hombre canoso de 50 años, de gran fortuna, elegantemente vestido y respetado en todo Palermo, había amasado una gran fortuna prestando dinero y realizando negocios similares. Muchos hombres importantes de Palermo le debían dinero.

Dos confidentes le habían puesto sobre aviso de un policía americano, Jack Petrosimo, que llegaba ese mismo día a Sicilia para investigar a la mafia…¡en su propio hogar!.

Don Vito tenía una comida en casa de su amigo, el diputado Petrani. El mafioso llegó a casa de su colega a las 12:15h. Un cuarto de hora después, los dos hombres empezaron a comer. Entre el queso de cabra de Caltanissetta y la cassata a la siciliana, Don Vito pidió permiso al diputado para ausentarse unos minutos. También le dijo que necesitaba la calesa -*carruaje tirado por caballos- y el cochero del diputado. A la una y media, Don Vito Cascio Ferro llegaba a la Piazza Marina. Nada más bajar de la calesa divisó a Jack Petrosimo. Se dirigió decidido hacia el policía norteamericano, y mirándole a los ojos durante unos segundos, sacó el revolver del bolsillo y le disparó en plena cara.

Piazza Marina fontana 1908

Inmediatamente, volvió a subirse a la calesa. A las dos menos veinte de la tarde, Don Vito metía su cucharilla de postre en la cassata a la siciliana. Había estado fuera poco más de diez minutos. El capo saboreaba el café, la grappa y uno de los cigarros que fabricaban para él en Hungría, con la conciencia tranquila.

La investigación llevada a cabo por la policia no llegó a ningún punto por la falta de testigos, aunque la Piazza Marina estaba repleta de gente a la una y media.

Existe un viejo refrán siciliano que dice: “Degustar una gota de vino del Etna es tan agradable para el corazón del hombre como ver manar una gota de sangre de las venas de un enemigo”.

Menú

Aperitivos; Aceitunas asadas y Judías a la menta

Entrante; Salmonetes a las semillas de hinojo

Plato principal; Cordero lechal en salsa y a las hierbas de las laderas volcánicas

Postres; Quesos de cabra de Caltanissetta y Cassata a la siciliana

Vinos; Chianti, Frascati

ita-chianti

Don Vito no sabía leer ni escribir, pero apreciaba los sabores como un marqués veneciano…

Epílogo: Fueron dos compañeros de clase, David y Ana, los que  escogieron este libro para su trabajo en la asignatura de Alimentación y Cultura, luego todos quisimos leerlo. Un abrazo, amigos.

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2 pensamientos en “La Mafia se sienta a la mesa

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